En el momento donde se empieza a albergar la idea de buscar un embarazo, es ideal comenzar a preparar la mente y el cuerpo para la maternidad o paternidad. Tanto la futura madre como el futuro padre han de instaurar hábitos de conducta saludables, como cuidar la dieta, dejar de fumar y consumir alcohol y realizar ejercicio físico. Entre los aspectos mentales, es fundamental que la decisión de tener un/una hijo/a haya sido consensuada y planificada en pareja (en el caso de que la haya) y que ambos se sientan cómodos con la idea de ser mapadres.

Una vez tomada la decisión, puede que el embarazo tarde en llegar algunos meses. En estos casos, suelen aparecer síntomas de ansiedad. Lo que muchas veces ayuda es realizar actividades de relajación (como practicar algún deporte, yoga o simplemente realizar actividades placenteras como ir al cine), intentar modificar los pensamientos negativos  (cambiar un “nunca me quedaré embaraza” por “el próximo mes seguiremos intentándolo”) y evitar conductas compulsivas como consultar en internet temas de embarazo o comprar productos “milagro”. 

Si luego de un año (mujeres menores de 35 años) o seis meses (mujeres mayores a 35 años) no quedan embarazas, es importante hacer una consulta con un/una especialista para dar con la posible causa.

UN LARGO CAMINO POR TRANSITAR

Tradicionalmente, la maternidad ha sido asociada a una etapa de felicidad y bienestar para las mujeres. Sin embargo, lejos de esta idea, los estudios científicos demuestran que este momento de la vida supone un factor de riesgo para la aparición de algún tipo de alteración emocional. Se trata de un período de vulnerabilidad y estrés, con grandes exigencias y donde se hace necesaria la readaptación de las rutinas a una nueva realidad. Con esto no quiero transmitir que son todos momentos así, claro que hay mucho de disfrute y satisfacción pero no son los únicos.

Los estudios indican que una de cada cinco mujeres embarazadas presenta alguna alteración psicológica en esta etapa, siendo los más frecuentes los trastornos relacionados con la ansiedad y la depresión.

Aunque es más frecuente la aparición de alteraciones emocionales en la mujer, también puede ocurrir que sea el padre quien manifieste un gran sufrimiento durante esta etapa, pues exige también para él grandes cambios, lo que convierte en igualmente necesaria su intervención.

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